miércoles 6 de enero de 2010


Se dio la vuelta.
- Vale, Luke, abre la puerta, nos vamos.
Luke cumplió la orden. Temple giró y me dirigió una última mirada. Ya no sonreía. Después de largaron.
Me acerqué a la jaula y miré mi canario rojo. Se le estaba yendo parte del tinte y empezaba a aparecer el amarillo natural. Era un pájaro simpático. Me miró y lo miré. Después hizo un ruido de pajarito: "¡Chirp!", y eso hizo que me sintiera bien de alguna forma. Yo era fácil de contentar. El resto del mundo era mi problema.

Pulp - Charles Bukowski .

jueves 29 de octubre de 2009




[...]
La gente siempre se empeña en hablar cuando el otro no tiene la menor gana de hacerlo.
- Está bien. Puede que no me exprese de forma memorable en este momento. Dentro de un par de días te escribiré una carta y lo entenderás todo, pero ahora escúchame de todos modos -me dijo. Volvió a concentrarse. Luego continuó-. Esta caída que te anuncio es de un tipo muy especial, terrible. Es de aquellas en que al que cae no se le permite llegar nunca al fondo. Sigue cayendo y cayendo indefinidamente. Es la clase de caída que acecha a los hombres que en algún momento de su vida han buscado en su entorno algo que éste no podía proporcionarles, o al menos así lo creyeron ellos. En todo caso dejaron de buscar. De hecho, abandonaron la búsqueda antes de iniciarla siquiera. ¿Me sigues?
- Sí, señor.
- ¿Estás seguro?
- Sí.
Se levantó y se sirvio otra copa. Luego volvió a sentarse. Nos pasamos un buen rato en silencio.
- No quiero asustarte -continuó-, pero te imagino con toda facilidad muriendo noblemente de un modo o de otro por una causa totalmente inane.
Me miró de una forma muy rara y dijo:
- Si escribo una cosa, ¿la leerás con atención?
- Claro que sí -le dije. Y así lo hice. Aún tengo el papel que me dio. Se acercó a un escritorio que había al otro lado de la habitación y, sin sentarse, escribió algo en una hoja de papel. Volvió con ella en la mano y se instaló a mi lado.
- Por raro que te parezca, esto no lo ha escrito un poeta. Lo dijo un psicoanalista que se llamaba Wilhelm Stekel. Esto es lo que...¿Me sigues?
-Sí, claro que sí.
- Esto es lo que dijo: "Lo que distingue al hombre insensato del sensato es que el primero ansía morir orgullosamente por una causa, mientras que el segundo aspira a vivir humildemente por ella".
Se inclinó hacia mí y me dio el papel.

El guardián entre el centeno - J.D. Salinger .

sábado 18 de abril de 2009


[ ... ]

-¡Pobre! -exclamaron todos-.Está completamente loco..
Urquizo, en verdad, estaba desequilibrado. No cabía duda. Así lo confirmaba el curso posterior de su conducta. Aquel hombre continuó viendo las cosas al revés, trastocándolo todo, a través de los cinco cristales ahumados de sus sentidos enfermos. Las buenas gentes de Cayna, pueblo de su residencia, hicieron de él, como es natural, blanco de cruel curiosidad y cotidiana distracción de grandes y pequeños.
Años más tarde, Urquizo, por falta de cura oportuna, agravóse en forma mortal en su demencia, y llegó al más truculento y edificante diorama del hombre que tiene el triángulo de dos ánglos, que se muerde el codo, que ríe ante el dolor, y llora ante el placer: Urquizo llegó a errar allende las comisuras eternas, a donde corren a agruparse, en son de armonía y plenitud, los siete tintes céntricos del alma y del color.
Por entonces, yo le encontré una tarde. Desde que le avisté, pococ pasos antes de cruzarnos, despertóse en mí desusada piedad hacia aquel desgraciado, que, por lo demás, era primo mío en no sé qué remota línea de consaguinidad materna;y, al cederle la vereda, saludándole de paso, tropecéme en uno de los brazos de la empedrada calle, y fui a golpear con el mío un antebrazo del enfermo. Urquizo prostestó colérico;
-¡Quía! ¿Está usted loco?
La exclamación sarcástica del alienado me hizo reír; y más adelante fue ella motivo de constantes cavilaciones en que los misterios de la razon se hacían espinas, y y empozábame en el cerrado y tormentoso círculo de una lógica fatal, entre mis sienes. ¿Por qué esa forma de inducción para atribuirme la descompaginación de tornillos y motores que sólo en él había?

[ ... ]

Mi padre, tal como le había visto aquella tarde, apareció en el umbral de la puerta, seguido de algunos seres siniestros que chillaban grotescamente. Apagaron de un revuelo la luz que yo portaba, ululando con fatídico misterio:
-¡Luz!¡Luz!...¡Una estrella!
Yo me quedé helado y sin palabra...
Más, de modo intespestivo, cobré luego todas mis fuerzas para clamar desesperado:
-¡Padre mío!¡Recuerda que soy tu hijo!¡Tú no estás enfermo!¡Tú no puedes estar enfermo!¡Deja ese gruñido de las selvas!¡Tú no eres un mono!¡Tú eres un hombre, oh, padre mío!¡Todos nosotros somos hombres!
E hice lumbre de nuevo.
Una carcajada vino a apuñalarme de sesgo a sesgo el corazón. Y mi padre gimió con desgarradora lástima, lleno de piedad infinita.
-¡Pobre! Se cree hombre. Está loco...
La oscuridad se hizo otra vez.
Y arrebatado por el espanto, me alejé de aquel grupo tenebroso, la cabeza tambaleante.
-¡Pobre! -exclamaron todos- ¡Está completamente loco!...

Las caynas (Escalas melografiadas) - César Vallejo .

domingo 25 de enero de 2009



"En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz y ¿que tenemos? El reloj de cuco"

El tercer hombre de Carol Reed .

Harry lanzó una ojeada al paisaje de juguete de abajo y se alejó de la puerta.
-Nunca me siento completamente seguro en estos cacharros-dijo.
Palpó la puerta con la mano, como si temiera que pudiera abrirse de golpe y le lanzara aquel espacio trenzado de hierro.
-¿Víctimas? -preguntó-. No seas melodramático, Rollo. Mira ahí abajo,-prosiguió, señalando a través de la ventana a la gente que se movía como moscas negras en la base de la noria. ¿De verdad podrías sentir lástima si una de esas manchas dejara de moverse para siempre? Hombre, si te dijera que podrías conseguir veinte libras por cada mancha que se detuviera, ¿de verdad me dirías que me quedara con mi dinero, sin una vacilación?¿O calcularías de cuantas manchas puedes prescindir sin problemas? Libres de impuestos, oye. Libres de impuestos.

Alineación a la izquierdaEl tercer hombre - Graham Greene .

jueves 8 de enero de 2009




Estaba echado boca arriba sobre la alfombra roja, contemplando la irregular superficie del techo. Supuso que debía ser el efecto de algún tipo de espuma antiincendios con que lo habían rociado todo; era como un requesón enmohecido a punto de caerle cobre la cabeza en cualquier momento. Se estaba perdiendo en los detalles. Detalles del entorno que lo envolvía. Le pareció que era un buen sitio. Encerrado; donde el granizo no podía caerle encima. Tal vez no abandonara nunca esa habitación. Se fijo en las formas de las sombras que el sol que se filtraba por los pliegues de la cortina de plástico proyectaba en la pared. Miró cómo se movían y oscilaban, y pensó en lo difícil que sería dibujarlas correctamente. Incluso en blanco y negro. Escuchó voces provenientes de otras habitaciones; tan sólo el rumor de esas voces, sin ser capaz de descifrar las palabras concretas que decían. Dos hombres riéndose; pensando que ojalá tuviesen la compañía de alguna mujer. De cualquier mujer. Un cortacésped a lo lejos..., alguien que se dedicaba a mantener bonita su pequeña parcela. La máquina de hielo. La lejana carretera. De pronto, los rayos del sol cambiaron de ángulo y borraron todas las sombras de la pared con su luz fría y grisácea. Le dolía la espalda; pensó que debía ser por todo el tiempo que había pasado conduciendo. Todo el tiempo que había pasado conduciendo a lo largo de su vida .

Cruzando el paraíso (Totalmente accidental) - Sam Shepard .

lunes 15 de septiembre de 2008


"¡Cómo!, se dice Zadig a sí mismo, así pues, hay hombres tan desgraciados como yo." El ardor por salvar la vida al pescador fue tan raudo como esta reflexión. Corre a él, lo detiene, lo interroga con aire enternecido y consolador. Dicen que uno es menos desgraciado cuando no lo es solo. Pero según Zoroastro, no es por malicia, es por necesidad. Uno se siente entonces arrastrado hacia un desgraciado como hacia su semejante. La alegría de un hombre feliz sería un insulto; pero dos desventurados son como dos arbolillos débiles, que, apoyándose uno en otro, se fortalecen contra la tormenta .


Zadig o el destino - Voltaire .

domingo 31 de agosto de 2008


Viven en un mundo entontecedor en que cada palabra y cada pensamiento pasan por una censura. En Inglaterra apenas puede concebirse una atmósfera semejante. En Inglaterra todos somos libres; vendemos nuestras almas en público y volvemos a comprarlas en privado, entre amigos. Pero ni siquiera la amistad puede existir cuando cada hombre blanco es un diente en la rueda del despotismo. No se concibe en tales circunstancias la libertad de palabra. En cambio, están permitidas todas las demás formas de libertad. Goza usted de plena libertad para emborracharse, para ser un cobarde, un fornicador, un vago...,pero no puede usted pensar por su cuenta. La opinión sobre cualquier tena está dictada de antemano por el código de los "pukka sahibs".
Al final, el haber guardado en secreto su rebeldía, lo envenena a usted como una enfermedad secreta. Toda su vida será una maraña de mentiras. Año tras año se pasa usted las horas muertas sentado en clubs envueltos por el recuerdo de Kipling, con el whisy a su derecha y el Pik'un a su izquierda, escuchando y asistiendo mientras el coronel Bodger expone su teoría de que habría que meter en aceite hirviendo a esos malditos nacionalistas. Escucha usted cómo llaman a sus amigos orientales "grasientos babús" y admite usted, disciplinadamente, que son, desde luego, unos babús grasientos. Puede usted contemplar cómo unos mequetrefes salidos del colegio tratan a puntapiés a criados ancianos. Todo lo cual le hace odiar a sus compatriotas y llega usted a desear que los nativos se subleven y ahoguen el Imperio en sangre. Y en esa actitud no habrá nada honorable, ni será siquiera una actitud sincera, porque, en el fondo ¿qué le importa a usted que el Imperio de la India sea un despotismo, ni que los hindús sean tratados a patadas y explotados? Si se preocupa usted de ello es sólo porque le niegan a usted la libertad de palabra. En realidad, usted es otra criatura más del despotismo, un "pukka sahib" y se halla ligado al sistema colonial más estrictamente que un monje a su orden o que un salvaje a un inquebrantable sistema de tabús.
La marca - George Orwell .

sábado 2 de agosto de 2008


Y prosigue:

- Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas, que más vale eso que vagar a secas. Los memos que llaman extravagante al prójimo ¡cuánto darían por serlo! Que no te clasifiquen; haz como el zorro que con el jopo borra sus huellas; despístales. Sé ilógico a sus ojos hasta que renunciando a clasificarte se digan: " Es él, Apolodoro Carrascal, especie única". Sé tú, tú mismo, único e insustituible. No haya entre tus diversos actos y palabras más que un solo principio de unidad: tú mismo. Devuelve cualquier sonido que a ti venga, sea el que fuere, reforzándolo y prestándole tu timbre. El timbre será lo tuyo.


Amor y pedagogía - Miguel de Unamuno .

miércoles 16 de julio de 2008


Jueves 21 de febrero :

Esta tarde, cuando venía de la oficina, un borracho me detuvo en la calle. No protestó contra el gobierno, ni dijo que él y yo éramos hermanos, ni tocó ninguno de los innumerables temas de la beodez universal. Era un borracho extraño, con una luz especial en los ojos. Me tomó de un brazo y dijo, casi apoyándose en mí: "¿Sabés lo que te pasa? Que no vas a ninguna parte." Otro tipo que pasó en ese instante me miró con una alegre dosis de comprensión y hasta me consagró un guiño de solidaridad. Pero ya hace cuatro horas que estoy intranquilo, como si realmente no fuera a ninguan parte y sólo ahora m ehubiese enterado.

La tregua - Mario Benedetti .

viernes 4 de julio de 2008


"¿Se alza propiamente aquí un ideal, o se lo abate?", se me preguntará acaso...Pero, ¿os habéis preguntado alguna vez suficientemente cuan caro se ha hecho pagar en la tierra el establecimiento de todo ideal?¿Cuánta realidad tuvo que ser siempre calumniada e incomprendida para ello, cuánta mentira tuvo que ser santificada, cuánta conciencia conturbada, cuánto "Dios" tuvo que ser sacrificado cada vez? Para poder levantar un santuario hay que derruir un santuario; ésta es la ley -¡muéstreseme un sólo caso en que no se haya cumplido!...Nosotros los hombres modernos, nosotros somos los herederos de la vivisección durante milenios de la conciencia, y de la autotortura, también durante milenios de ese animal que nosotros somos.


La genealogía de la moral - Friedrich Nietzsche